soy el novio de su cliente Manolita; la que se fugó.
Tengo que admitir, una vez pasados los días, que la fuga de Manolita, ha resultado ser una especie de liberación para mí.
Doy por bien empleado el dinero que se llevó, y que al fin y al cabo, la mitad era suyo, por deshacer un proyecto de matrimonio que se me estaba haciendo ya, muy cuesta arriba.
Después de tantos años ya no sabíamos de qué hablar y hasta los muebles del piso nos habían pasado de moda varias veces. Con eso le digo todo.
Espero que no vuelva y que si vuelve, ya que usted ha armado este desaguisado, lo arregle de manera que Manolita desaparezca de mi vida para siempre, con esto me consideraré resarcido y no le plantearé ningún problema legal.
Además me gustaría participarle que, -cosas de la vida-, he conocido a través de su consulta o cómo le quiera llamar, a una persona encantadora que es madre de una jovencita que usted trata, Elisenda.
Aún no hay nada serio entre nosotros, pero me atrevo a decir que, en breve, podré hablar de una relación seria, ya que desde el primer momento hemos podido constatar la increíble coincidencia de nuestras gustos y opiniones.
Sin nada más que añadir.
Atentamente
Gerardo, ex novio de Manolita

O sea que, gracias a mí, encuentra usted una mujer, al parecer su alma gemela, y aún así, se atreve a decirme que armo desaguisados.
Si su novia, una santa, se fue, por algo sería. Los muebles se le pasarían de moda, pero seguro que usted también está un poco pasado de moda.
Además, releyendo su carta, observo un punto de cobardía en su manera de ser, que, francamente, me resulta muy desagradable: su noviazgo se le hacía cuesta arriba y su fuga le ha resultado una liberación.
Y yo me pregunto ¿por qué no hacía usted algo? Lo peor que hay sobre la tierra son los hombres pasivos.
Espero que, en esta nueva relación, sea usted más hombre y más gallardo.
Y no vuelva a amenazarme, señor mío.
Mary Francis
Ay, Don Gerardo,
¡qué cobardicas son algunos hombres!....y usted en concreto; sin que sirva de precedente, estoy bastante de acuerdo con mi alter ego: dejan que las cosas maduren tanto, que se pudren y todo por no tomar una decisión.
Por lo que he visto ha necesitado 25 años para darse cuenta de que Manolita no era la mujer de su vida....¡pues ha sido la mujer de su vida durante 25 años!...así sin querer.
Hay que tener cara y huevos.
Mire: póngase los muebles por sombrero y aquí arriba tiene un regalito para que se vaya ganando a la hija de su amiga la señora del punto G.
Creo que van a hacer muy buenas migas ya que es una niña muy sensible...
Elena Francis